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jueves, 30 de marzo de 2017

¿Está muriendo el director creativo?


Mark Wnek es manager de crisis creativas para clientes y agencias de publicidad. En una nota escrita para la revista especializada Advertising Age sostiene que la tendencia al “sí” fácil y a alentar “lo lindo” por encima de lo efectivo está produciendo la aparición de avisos y campañas sosas, aburridas, y matando de a poco la figura del director creativo publicitario tal como lo conocimos hasta ahora.

¿Cómo es que hacen un trabajo tan mediocre gran parte de las agencias en estos días?, se pregunta Mark Wnek. Y tratando de encontrar una respuesta, relata:
“Tuve una clave tomando un café con un ex colega el otro día. Él es ahora el CEO de una de esas enormes y aburridas agencias que parecen producir trabajos enormemente aburridos. Cuando él elogió a su jefe creativo, todo lo que dijo rondó la idea de una “linda persona”. Palabras como “eficiente” no se oyeron para nada.

Un par de días después, durante un almuerzo con una amiga que había sido directora de cuentas, le pregunté si sentía que el trabajo que entregaba su agencia era brillante. Ella admitió que no pensaba que lo fuera, pero que le gustaba “porque la relación cliente-agencia era brillante”.
Quedé un tanto confundido. ¿Cómo podía ser brillante una relación si el trabajo no lo era? Vi que se movía inquieta en su asiento y discutimos un rato, como suelen hacer los publicitarios de diferentes disciplinas. Finalmente, admitió que la agencia tal vez era culpable de haber seguido al cliente, en lugar de conducirlo. Particularmente en cuestiones digitales, donde ella sentía que la agencia había apostado fuerte –tal vez demasiado- en los llamados “jóvenes digitales nativos”, en detrimento de la verdadera calidad creativa.

Como director creativo, creo firmemente que una gran idea no depende de quien la tenga –joven, viejo, blanco, negro, heterosexual, gay, hombre, mujer-, pero el reconocimiento y el empuje de una idea descansa en la experiencia. Creo también que si se quiere ser un director creativo de una agencia de primer orden, el perseguir la grandeza puede requerir la suspensión de las “lindezas”.

¿Cuál es la más letal y contraproducente “lindeza”? La palabra “sí”.
No/No es suficientemente bueno/Hágalo otra vez/Bien pero no suficiente/ ¿De veras?/¡Este es su quinto intento para este aviso y esto cuesta 350.000 dólares! ¡Haga un intento más! Estas frases y otras semejantes son el stock del director creativo top en toda profesión en la que la calidad sea primordial, le dije a mi amiga.

El “sí” es una palabra mucho más significativa y preciosa cuando se le da a un resultado de los estándares más altos.
Mi primer director creativo, cuando yo era un joven en Ogilvy, me pateaba en las piernas si mi trabajo no le gustaba. Hoy sería echado por hacer eso, y estaría bien. Pero a juzgar por los resultados, los directores creativos necesitarían acudir al libro “The One Minute Manager”, de Kenneth Blanchard, y aprender que se puede criticar el trabajo sin denigrar a la persona.

Cuando su pieza no tiene fallas, usted muestra calidad y construye confianza. Ser brillante es terriblemente duro. Pero, recientemente, los que sufren la tiranía de la página en blanco han recibido una nueva solución: lo digital y la big data.
La conectividad constante y la automatización parecen haber alivianado el peso de la excelencia creativa al entregar el mensaje “justo” en el momento preciso, basado en el conocimiento granular de los movimientos y necesidades de la gente.

No obstante, en el frenesí de su sobreexcitación, esos herederos de la publicidad directa aún están por aprender que la conectividad no es conexión. Usted puede estar en el lugar justo en el momento preciso, pero ¿para qué sirve eso si usted es aburrido, sin inspiración, sin atractivo y sin empatía?
La data –no importa cuán big o segura sea- puede facilitar, pero no puede consumar. De hecho, la confianza en la data granular y la automatización del marketing está teniendo un efecto colateral indeseado: el uso de ad blockers va a llegar al 24,4% este año, a casi 90 millones de propietarios de smartphones en los Estados Unidos.

No es sorprendente que más y más marketers están dejando de lado a sus llamadas “agencias de record” para darles más y más proyectos a shops basados en la excelencia creativa. La automatización, al parecer, puede llevar al caballo hasta el agua, pero no puede hacerlo beber. Sólo una intuición creativa de clase mundial puede hacerlo.”

Fuente: Advertising Age

lunes, 24 de junio de 2013

¿La publicidad actual es aburrida?

Los avisos monótonos, previsibles y sin sorpresa están levantando en la audiencia una barrera de protección que la aísla de sus contenidos. Y el fantasma de la publicidad aburrida no se esfuma con los grandes presupuestos y las marcas mundiales. En esta nueva entrega de Lorem 5´ analizamos algunas variables que entran en juego para neutralizar la calidad de avisos y comerciales, y te contamos qué recomiendan los especialistas para evitar el aburrimiento de la gente.

Parece un contrasentido: la publicidad, que por definición es un mensaje impactante para llamar la atención del público y mover a la compra de un producto o servicio, puede saturar el interés de la gente y hacerla desenchufar de su contenido. Millones de ejemplos mundiales demuestran que hay demasiada publicidad monótona, previsible y hasta condescendiente con los receptores de los mensajes.

La pregunta taladra el cerebro de muchos anunciantes y publicitarios: ¿La publicidad es aburrida para el público? ¿Es cierto que despierta poco interés en quienes deberían dejarse influir por sus ideas y recomendaciones?
No es un dilema nuevo, pero en tiempos como los actuales, cuando la acción de las empresas se canaliza no sólo en los medios tradicionales, sino también en todas las vertientes de los medios online y aparece en los momentos menos esperados, las palabras saturación y desinterés se escuchan cada vez con más fuerza.

Desde tiempos lejanos hubo ciertas simplificaciones que mostraban esa preocupación. Se hablaba, por ejemplo, de los mensajes hard sell (venta dura), que renunciaban a toda creatividad para machacar con la repetición de la marca o con la diferencia favorable en los precios de venta, abrumando al público con cifras y comparaciones de difícil retención, o con la mera multiplicación de la frecuencia de los mensajes. La repetición era promovida activamente por los marketers, que no se resignaban a derrochar segundos pagados a precio de oro sin nombrar a su producto mimado. Era, tal vez, el equivalente de lo que en gráfica significaba “agrandar el logo”. No advertían, tal vez, que un aviso de esas características levantaba en muchos miembros de la audiencia una barrera de protección –algunos le decían “barrera de abulia”- que los desconectaba de ese comercial y de los que venían a continuación en la tanda. Plata despilfarrada.

“Debe ser una ventaja, y debe ser única, para que la gente la asocie de inmediato con la marca”, proclamaba en los 40’ el afamado publicista Rosser Reeves, de la agencia Ted Bates, sobre las virtudes de la USP (unique selling proposition). Pero probablemente fue mal interpretado: muchos de sus seguidores se limitaron a encontrar en cada producto una ventaja comparativa respecto de la competencia, y de ahí en más a no producir ninguna pieza que no insistiera sobre esa virtud. Con lo que terminaron produciendo avisos monótonos, reiterativos, sin pizca de sorpresa, que fueron presa fácil de la “barrera de abulia”.
Muchos recuerdan en la Argentina un famoso aviso de los televisores Grundig, que se limitaba a repetir la marca cada pocos segundos, con el tono de voz y la modulación de un ladrido. Grundig gastó una millonada en difundir ese spot, pero hoy en día la gente de cierta edad recuerda mucho más el slogan de la misma marca –“Caro, pero el mejor”-, que aportaba la única dosis de creatividad del mensaje.

Publicidad aburrida hubo siempre, y cuanto más avisos de esa índole se producen, más se destacan las piezas imaginativas, capaces de despertar al televidente, oyente o lector de su letargo, sea por su carácter disruptivo, por su falta de previsibilidad o por tocar una cuerda sensible en la mentalidad de sus receptores.

Si bien los millennials (el segmento de 18 a 29 años) aseguran que la publicidad no les resulta aburrida, el grueso de la población sigue siendo escéptica respecto de los avisos y quienes los financian. Los propios millennials, incluso, califican a la publicidad como “basura, mentira, tendenciosa, repetitiva y aburrida”, según la investigación de Paula Poindexter, autora del libro Millennials, News, and Social Media: Is News Engagement a Thing of the Past?. La tendencia indica, además, que la mayoría de este segmento joven “no depende de las noticias para que los ayude en su vida diaria”, y no siente que sea “importante” estar informado. ¿Es razonable, entonces, captar su atención sólo comunicando una novedad en el producto?

La abulia y la desconexión del gran público explica la aparición de los sistemas de zapping de los avisos, que, en algunos casos, actúan automáticamente cuando arranca la tanda comercial, como en el caso del sistema TiVo, que permite incluso seleccionar el tipo de avisos que se desea ver en la reproducción. El zapping, automático o no, es un verdadero agujero negro de la publicidad y los anunciantes, y se origina no sólo en la ansiedad por seguir viendo el programa elegido en la TV, sino también en el desinterés que produce una buena parte de los comerciales de la tanda.

“Siempre creímos que el impacto le gana a la frecuencia y que es posible ver algo una sola vez y no olvidarlo jamás”, dice el publicista colombiano Francisco Samper, de Lowe SSP3. “Estamos convencidos de que la publicidad aburrida viene de agencias aburridas. Nadie puede hacer algo interesante, alegre, creativo e innovador si dentro de la agencia no hay un clima que lo permita”.

El tema preocupa en todas las latitudes. El director de cine publicitario indio Shekhar Kapoor encontró recientemente un sistema para informarse de la opinión del público sobre los avisos que él mismo produce: la creación del hashtag #adswedontbuy, que en pocas horas se convirtió en una tendencia en el Twitter, con cientos de personas que dejaron sentadas sus opiniones sobre los avisos. Las cremas de belleza se ubicaron al tope de los avisos que la gente detesta en ese país.

Otros productos cuyos avisos fueron muy cuestionados son los desodorantes masculinos y los sistemas de afeitar, en los que la máquina se desliza a toda velocidad sobre la barba de un hombre e inevitablemente hay al final del camino una mujer que toca la piel del protagonista y agoniza ante tanta suavidad.
“Los marketers cínicos pueden decir que todo esto es el único camino para destacarse del clutter de productos que luchan por ser vistos y oídos en la tanda”, dice el director indio. Pero todo este amontonamiento no hace más que aumentar el escepticismo respecto de los avisos en general.

En España, con la crisis económica, hace tiempo que los publicistas se preguntan qué hacer para retener la atención del público y, a la vez, vender lo que parece cada vez más inalcanzable. “Nos gustaría decir que la crisis ha traído mejores anuncios para combatir el retraimiento en el consumo, pero faltaríamos a la verdad”, dicen Alvaro Sobrino y Eduardo Bravo. “Conservadurismo y falta de imaginación son las pautas que anunciantes y agencias parecen haberse marcado para estos tiempos. Queda saber si estos nuevos hábitos han llegado para quedarse, o si pasada la tormenta las ideas recobrarán la hegemonía y volveremos a la creatividad. De momento, eficacia gris y riesgo cero. Publicidad aburrida, en definitiva”.
Los autores reconocen que, con la crisis, la publicidad está retrocediendo hacia tiempos que parecían enterrados en el pasado: “¿Alguien puede pensar que es por casualidad la cantidad de spots que estamos viendo que recurren a una canción pegadiza que canta alabanzas del producto, más o menos escondidas tras un hilo conductor humorístico? No es casualidad. Este recurso, utilizado durante las primeras décadas de la publicidad televisiva, es eficaz en lo que se refiere a recordación: con presupuestos menores y una dispersión galopante de los impactos, es una opción válida”.
Otra consecuencia de la crisis es que la publicidad de marca ha desaparecido en gran medida. “Los bancos sólo se asoman a los medios para vender productos financieros y cuentas corrientes; las empresas de telefonía para ofertar planes, a cual más difícil de entender, e incluso los fabricantes de automóviles han relegado sus campañas de marca para vender modelo y precio”.
Tampoco parece haber muchas esperanzas de renovación en los contenidos en el terreno online. Según Sobrino y Bravo, “muchos dieron por muertos a los banners hace varios años, pero hoy su hegemonía sigue en pie”.

Los defensores a ultranza de la publicidad dicen que una de sus funciones es informar a la gente de lo que está disponible en el mercado. Muchos se preguntan, entonces, si esa información es completamente veraz. Porque, de hecho, su principal objetivo es atraer a los compradores naturalmente, para lo cual algunos aspectos del producto son resaltados intencionalmente, mientras otros no aparecen en absoluto. La gente fue impulsada a creer que un producto es de larga duración, valioso, multipropósito y capaz de brindar la felicidad que no se puede obtener con otro. Todo este encantamiento se ha ido perdiendo, sin diferencias de fronteras y marcas, con los reiterados desengaños que ha tenido el público cuando experimenta al producto que ha visto en la TV o las revistas. “La mejor publicidad es el peor enemigo de un mal producto”, proclamó el célebre Bill Bernbach. “Ella hará que fracase más rápidamente”.
Otro pionero, Leo Burnett, dijo un día que “la buena publicidad penetra en la mente del público y en sus creencias”. Pero estas palabras –rigurosamente ciertas- tienen poca relación con la realidad de tantos y tantos avisos que pasan sin pena ni gloria por los mercados del mundo.

“¿Por qué creamos material de marketing que no se destaca?”, preguntó un creativo en un blog publicitario. Y la respuesta fue: “Porque somos temerosos. El brand manager teme que su preciosa marca colapse con el nuevo aviso, y que su propio puesto de trabajo desaparezca en el mismo proceso. El director de cuentas teme perder al cliente. El camino más seguro es el que siempre funcionó en el pasado, ¿por qué cambiarlo entonces? Y el equipo creativo teme que sus ideas vayan a parar a la basura por la misma razón. ¿Por qué molestarse entonces?”.

Rob Toledo, en Media Strategy, Strategies & Tactics, dice que cuando uno asiste a un seminario de marketing de pequeños negocios, lo que más se escucha decir es: “Mi negocio es aburrido. ¿Cómo voy a hacer que la gente ponga un ‘like’ en mi página? Este es un error muy común entre los propietarios de negocios y los publicitarios: creer que el gran marketing requiere de un producto ‘sexy’. Pero la mayoría de los productos y servicios no entran en esa categoría, y dejar que un negocio ‘aburrido’ arruine sus esfuerzos de marketing es llevar las cosas muy lejos. Visto desde el ángulo correcto, el marketing para un negocio ‘aburrido’ debería ser un desafío muy creativo, y no algo que detenga toda la acción”.

Para Nathan Greenberg, columnista de Advertising Age, “la publicidad no es aburrida. Usted es el aburrido”. Pero no alude al espectador, sino al cliente. Según dice, la clave está en la elección de la agencia. Algunas de las cosas que se deben observar es que ella proponga ideas que el cliente no abrace completamente, y que su gente tenga entusiasmo para encarar el tema: ‘Si ellos están aburridos con la publicidad, no sirven. Cámbielos por otros que no lo estén’.
También recomienda mirar la calidad en lugar de la cantidad. “No subestime a las pequeñas agencias sólo porque tienen un equipo pequeño. Deje que carguen con el peso mayor y asegúrese de que entiendan al producto. “No es necesario que hayan trabajado anteriormente en su industria, pero asegúrese de que la entienden. Necesitan saber qué buscan sus consumidores, quiénes son y qué harán con su producto una vez que lo tengan en sus manos”.

El fantasma de la publicidad aburrida no se esfuma con los grandes presupuestos y las marcas mundiales. Pero para finalizar, veamos un buen ejemplo de lo que sucede cuando se combinan un producto innovador, una estrategia inteligente, una buena idea adecuada al target y un presupuesto holgado:


Agradecemos la colaboración de Edgardo Ritacco, director periodístico de adlatina.com